La mirada perdida entre los bloques de cemento que componen mi ciudad, buscando en balde verte pasar, suspirando, cada vez más hundido entre mis fantasmas. Estiro la mano para tocarte, frío, probare más tarde. Y al caer la noche, rendido y con agujetas en los brazos, edulcoro mis pesadillas soñando con tus manos. Pero el sol esta siempre preparado para arruinarme la fiesta, y vuelve, y yo vuelvo a la ventana. Y vuelvo a estirar la mano, y vuelve el frío, y yo vuelvo a hundirme...
Cuando leas esta carta quizá sea ya parte del asfalto....
Ven, rescátame.
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