Se despiertan las aceras,
y yo con estos pelos,
relamiendome los labios,
paseando mi resaca por el techo.
Atraviesa mi persiana,
mis parpados y mis legañas,
se acurruca junto a mi,
para obligarme a un mañana.
Y tambaleante cruzo el umbral,
camino de piedras y vidrio,
sentado y cabizbajo,
olvidandome del olvido.
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